Administración y código, en la misma persona.
Soy Matías Tiehl. Licenciado en Administración de Empresas y desarrollador de software. Esa combinación es toda la propuesta.
Cómo llegué acá
Estudié Administración de Empresas porque me interesaba entender cómo funciona una organización por dentro: de dónde sale la plata, cómo se controla el stock, por qué un negocio rentable sobre el papel se queda igual sin caja.
En paralelo aprendí a programar. Al principio para resolverme problemas propios: una planilla que se repetía todos los meses, un cálculo que alguien hacía a mano. Después, cuando empecé a trabajar con empresas de verdad, me di cuenta de que ese cruce era raro y valioso.
Del lado técnico sobran programadores excelentes que nunca vieron un circuito administrativo completo. Del lado de gestión sobran consultores que saben qué hay que arreglar pero dependen de un tercero para construirlo. En el medio queda un hueco: alguien que pueda escuchar un problema de negocio y entregar la solución funcionando.
El software de gestión no falla por estar mal programado. Falla por estar bien programado para un circuito que nadie se tomó el trabajo de entender.
Cómo trabajo
Trabajo solo y con pocos proyectos a la vez. No es una limitación que disfrace: es la forma de que quien te atiende sea quien programa, y de que un cambio no pase por tres personas antes de llegar a alguien que pueda hacerlo.
Antes de proponer una pantalla pregunto cómo se mueve la mercadería, quién autoriza un descuento, qué pasa cuando un cliente devuelve algo y qué número mirás a fin de mes. Recién después escribo código. Ese relevamiento suele incomodar un poco, porque saca a la luz procesos que nunca se habían escrito. También es la parte que más valor genera.
Y cuando un proyecto no tiene sentido, lo digo. Hay empresas que no necesitan un sistema: necesitan ordenar dos planillas y ponerse de acuerdo internamente. Cobrar por construir algo que no hacía falta es la forma más rápida de perder un cliente para siempre.
Qué uso para construir
Elijo la herramienta según el problema, no al revés. Sistemas de escritorio cuando la operación tiene que funcionar sin internet, aplicaciones web cuando hace falta acceder desde cualquier lado, aplicaciones móviles cuando el trabajo pasa en la calle. Bases de datos relacionales para que la información resista el paso del tiempo, y sitios livianos sin capas de más para que las páginas carguen rápido de verdad.
Lo que no cambia nunca: el código queda documentado y en tus manos, y los datos se pueden exportar cuando quieras.
Fuera del trabajo
Escribo sobre gestión y tecnología en el blog, sobre todo respondiendo las preguntas que aparecen una y otra vez en la primera reunión con un cliente nuevo. Es la forma más honesta que encontré de mostrar cómo pienso antes de que alguien me contrate.