Cuánto cuesta una página web en Argentina
Es la primera pregunta de casi todas las reuniones y la que peor se responde. No porque haya intención de esconder nada, sino porque «una página web» describe cosas tan distintas como «un vehículo» describe una bicicleta y un camión.
Antes que nada, una aclaración honesta: cualquier número concreto que ponga acá va a envejecer mal. Los precios en Argentina se mueven, el tipo de cambio se mueve y cada proveedor arma su escala. Por eso este artículo no es una lista de precios, es un mapa para entender qué estás comprando cuando te pasan un presupuesto.
Con eso claro, se puede decir algo mucho más útil que un número: en qué se va la plata.
Las cuatro categorías que se venden como «una web»
1. La plantilla armada
Alguien toma una plantilla de un mercado de temas, le cambia el logo, los colores y las fotos, y la publica. El resultado se ve prolijo el primer día y es la opción más barata que existe.
Sirve si necesitás presencia mínima y tenés poco presupuesto. El costo aparece después: suele cargar lento porque la plantilla trae funciones que no usás, los textos genéricos no posicionan en Google, y cualquier cambio profundo choca contra decisiones que tomó otra persona para otro negocio.
2. El armador visual con suscripción
Las plataformas de armado por arrastrar y soltar. Bajo costo inicial, resultado decente, y una cuota mensual que no termina nunca.
Es una opción legítima para un emprendimiento chico. Los dos puntos a mirar: el sitio vive dentro de esa plataforma —si dejás de pagar, desaparece— y el margen de optimización técnica es el que la plataforma te permita, ni uno más.
3. El sitio a medida
Diseño propio, estructura pensada para tu negocio, textos escritos para tu rubro y código armado para ese sitio y no para veinte mil. Cuesta varias veces más que las opciones anteriores.
Lo que se paga acá no es «que sea lindo». Es tiempo de alguien pensando qué preguntas se hace tu cliente antes de comprarte, en qué orden mostrarle la información y qué tiene que pasar para que levante el teléfono. Ese trabajo no se ve en una captura de pantalla y es el que hace la diferencia entre un sitio que trae consultas y uno que solo existe.
4. La web con funcionalidad propia
Tienda con stock real, portal de autogestión para clientes, conexión con tu sistema de gestión, áreas privadas con usuarios. Acá ya no estás comprando un sitio: estás comprando software.
El precio depende casi por completo de la cantidad de reglas de negocio involucradas. Una tienda que vende diez productos iguales para todos no tiene nada que ver con una que maneja listas de precios por cliente, descuentos por volumen y stock repartido en tres depósitos.
Qué mueve realmente el precio
Si dos presupuestos por «lo mismo» difieren cinco veces, casi siempre la diferencia está en uno de estos seis puntos. Vale la pena preguntarlos uno por uno.
| Factor | Pregunta que conviene hacer |
|---|---|
| Diseño | ¿Es diseño propio o una plantilla adaptada? ¿Voy a ver una propuesta visual antes de que empiecen a programar? |
| Textos | ¿Los escribe alguien del equipo o los tengo que entregar yo? Es el punto que más presupuestos infla o desinfla en silencio. |
| Cantidad de secciones | ¿Cuántas páginas únicas incluye? ¿Qué pasa si necesito una más después? |
| Posicionamiento | ¿Incluye títulos y descripciones escritos uno por uno, datos estructurados, mapa del sitio y alta en Search Console? |
| Funcionalidad | ¿Formulario simple, o carrito, usuarios, pagos, conexión con otro sistema? |
| Quién lo hace | ¿Un profesional independiente, un estudio o una agencia con estructura? Los tres cobran distinto por trabajos comparables. |
Los costos que siguen después del lanzamiento
Esta es la parte que más sorpresas genera, porque muchos presupuestos hablan solo del desarrollo. Un sitio publicado tiene costos recurrentes, chicos pero permanentes:
- Dominio: se renueva todos los años. Es el costo más bajo de la lista y el más importante de no olvidar, porque si vence lo puede registrar cualquiera.
- Hosting: mensual o anual, según el plan. Para un sitio institucional, un plan compartido básico alcanza y sobra.
- Certificado de seguridad: hoy la mayoría de los hostings lo incluyen sin cargo. Si te lo cobran aparte, preguntá por qué.
- Casilla de correo con tu dominio: a veces viene con el hosting, a veces se contrata aparte.
- Mantenimiento: actualizaciones, copias de seguridad y cambios chicos. Puede ser un abono o por hora; lo importante es saber cuál de los dos es antes de necesitarlo.
Regla práctica. Pedí siempre el presupuesto separado en dos columnas: costo único de desarrollo y costo recurrente anual. Si el proveedor no puede separarlo con claridad, es probable que tampoco lo tenga claro él.
Cinco señales de alerta antes de firmar
1. El dominio queda a nombre del proveedor
Es el problema más frecuente y el más caro de revertir. El dominio tiene que estar registrado a nombre de tu empresa o tuyo, con acceso a la cuenta. Si está a nombre de quien te hizo la web, cualquier discusión futura empieza con vos en desventaja.
2. No hay una lista de lo que incluye
«Página web completa» no significa nada. La propuesta debería enumerar secciones, cantidad de revisiones, si incluye textos, si incluye posicionamiento y qué pasa con los cambios posteriores. Lo que no está escrito, después se cobra aparte, y con razón.
3. Nadie te preguntó por tu negocio
Si te cotizaron en diez minutos sin preguntarte a quién le vendés, qué te diferencia y qué querés que haga el visitante, lo que te están cotizando es una plantilla. Puede estar perfecto si eso es lo que buscás, pero conviene saberlo.
4. Promesas de posicionamiento con fecha
«Primer puesto en Google en un mes» no es algo que nadie pueda garantizar, porque el buscador no vende esas posiciones. Lo que sí se puede prometer es un sitio técnicamente bien armado, con contenido relevante y correctamente indexado. Eso es trabajo verificable; lo otro es marketing.
5. El precio es sospechosamente bajo
Un sitio hecho en serio lleva días de trabajo. Si el precio no cierra ni pagando el salario de esos días, algo se está resolviendo con plantillas o el proyecto se va a abandonar a mitad de camino. Barato deja de serlo cuando hay que hacerlo dos veces.
Cómo pedir presupuestos comparables
El mejor consejo que puedo dar: escribí media carilla antes de pedir la primera cotización, y mandale exactamente lo mismo a los tres proveedores que consultes. Incluí:
- Qué vende tu empresa y a quién.
- Qué querés que haga la persona que entra al sitio: que te escriba, que compre, que descargue algo.
- Qué secciones creés que necesitás.
- Si tenés logo, fotos y textos, o si hay que producirlos.
- Dos o tres sitios que te gusten y por qué.
Con ese documento, los presupuestos que recibas van a ser comparables entre sí. Sin él, cada uno te va a cotizar algo distinto y la comparación es imposible.
La pregunta útil no es cuánto cuesta una web. Es cuánto vale para tu negocio que un cliente te encuentre y te escriba sin que nadie se lo pida.
Si querés un presupuesto claro, con el alcance escrito y el costo recurrente separado, contame qué necesitás y te lo armo sin cargo. Y si de la charla sale que te conviene una plataforma de armado en lugar de contratarme, también te lo voy a decir.